lunes, 31 de agosto de 2015

Manos

A tus manos me agarré, sosteniéndote en mi memoria
dibujé tus bellos dedos, la suavidad de tus rasgos,
de tus frías yemas.

En tus manos deposité mi vista, y también, mi inocencia
ahogué el retumbar del mundo al correr, 
de una infancia hacerse trizas.

Tus manos fueron escudo, fui ignorante por ellas, 
me aislaron de tu realidad, callaron mis pensamientos.

Concentrada en aquel gesto, le perdí la vista a la vida,
no escuche tu último grito. Ni tampoco tu silencio. 

Nicotina


cómo cada sueño fuera de vuestro lecho, extiende el invierno en sus cabellos
la voz dudosa cede al silencio, y niebla el espacio nostálgico de afecto
tus pupilas se inundan de arterias humedecidas. Testigos, de su arrepentimiento.

frenético viento, que un día poseyó tu cuerpo, aprisiona hoy tu respiración
el flúor de aquella sonrisa; se derrama gota a gota entre bocanadas de veneno.
Ella es cicatriz permanente, amargo bello recuerdo. Y el amor esta noche,

sólo
adicción.





domingo, 30 de agosto de 2015

Si tú no lo sabes...


Llevas toda una vida planeando llegar a aquí, ser lo que eres, hacer lo que estudiaste, estar con él... Has tejido al milímetro un plan, que has desarrollado sin más miramientos. 

Llevar las riendas de tu vida parecía la mejor opción, y sin embargo, en algún momento, en ese ir y venir buscando llegar a la meta a toda costa, te equivocaste de camino. O fue la meta la que cambió, y tu seguiste a tu rienda... En cualquier caso, de pronto, te paras, y miras a tu alrededor. Has cumplido cada uno de tus sueños. Y no eres feliz. Y sientes, que si llegar a todo esto no consiguió hacerte feliz... ¿Qué lo hará?

Sientes que has derrochado veinticinco años de tu vida, y no has buscado tu felicidad en ninguno de ellos. Pero eso, eso era lo realmente difícil. Buscar lo que quieres, supone mirar muy adentro, entender lo que te hace feliz. Eso era lo más complicado, por eso siempre estuvo en un segundo plano.

Últimamente, todos te preguntan, ¿qué quieres hacer? 
¿Qué vas a hacer, después?



Si tú no lo sabes...



lunes, 31 de marzo de 2014

El primer diario

Tu madre te mira y te sonríe, "aquí tienes tu primer diario, está bien que empieces a querer escribir, a recopilar momentos de tu vida, para recordarlos, aunque te advierto que es difícil mantener un diario y escribir cada día un poquito más." Ella te sonríe, y por fin deposita en tus manos ese libro tan especial, que con tanta fuerza deseabas y que todo el mundo debe tener. Un libro, que aunque fuese comprado en la tienda más barata, y fácilmente se deshoje, posee un enorme valor; pues en él cabrían las historias más intensas y reales, de ti, y de tu vida -escritas sola y únicamente por ti-.

O eso parecía.

-¿Qué haces?-
-Escribo en mi diario nuevo.
-¿Puedo leerlo?
-No.

Separadas a un metro de distancia, una camita de otra, no hay mucho espacio para desertar. O simplemente para mostrar tu enfado, enfurruñada por alguna ofensa contra tu persona, o personita.

-Déjamelo, quiero escribirte algo.

Tras pasarte cada día riñendo con ella, no resultaba demás una disculpa por su parte. Por eso, la dejaste continuar, y por eso al leer sus palabras al final, no supiste ver lo que había escrito en realidad.

-¿Qué es?
-Es una carta.
-Pero, ¿por qué dices eso?
-Es lo que pienso, mira, la fecha está inventada, es sólo en caso de que nos separemos, si algún día no estamos juntas, para que lo sepas.

Y aún así no lo entendiste, era bastante extraño de entender, con once años nadie piensa así, y mucho menos con ocho.


Un año después, ella se había ido.


Si aquello en la carta fue difícil de entender, esto lo fue aún más. Quizás los mayores estaban malinterpretando algo, pero aquello no podía simplemente ser. Ella no podía no volver.

No podía no volver nunca.